Analizando la diferencia entre hacer el amor y tener relaciones

diferencia entre hacer el amor y tener relaciones

La línea que separa el sexo de la intimidad puede ser muy delgada o puede existir una diferencia abismal. Analizamos las diferencias entre estos dos conceptos.

¿La diferencia entre hacer el amor y tener relaciones es tan grande?

Para analizar las posibles diferencias, vamos a dividir (sin menospreciar a ninguna de ellas) los tipos de relaciones en función del grado de intimidad que puede darse en cada una:

  • Para muchas personas (cada vez más), la diferencia entre hacer el amor y tener relaciones es clara. Las relaciones esporádicas se entienden como un acto sexual dirigido exclusivamente a satisfacer una necesidad biológica. Si analizamos el acto en sí, poco podremos encontrar para no estar de acuerdo con esta concepción. Sin embargo, no lo tenemos tan claro si tratamos de separar el sexo de la intimidad. El sexo de una noche requiere, aunque sea en grado mínimo, algo de intimidad a la vez que contribuye a que la intimidad crezca entre dos personas.
  • Otras personas tratan de explicar las relaciones esporádicas como una forma de pasarlo bien, partiendo de una concepción menos fría y mecánica que la anterior. El sexo de una noche también requiere pasarlo bien con la otra persona y disfrutar. A mi modo de verlo, la línea que separa el sexo de la intimidad se hace más fina en este caso, pues se establece un interés hacia la otra persona más allá de la atracción física, lo cual implica el proceso de conocer y conectar con la otra persona en algún grado.
  • Otro tipo de relación es la que implica sexo y cierto nivel de intimidad, pero una completa separación emocional. Lo que conocemos como “amigos con derechos” es un buen ejemplo. La diferencia entre hacer el amor y tener relaciones en este tipo de parejas, puede parecer más delgada todavía que la anterior, al asumir que el grado de intimidad que se adquiere con el contacto repetido no se puede obviar, a pesar del alejamiento emocional. Muchas de estas relaciones terminan porque una de las dos partes comienza a “implicarse” emocionalmente en ella, lo que puede entenderse como una especie de “fracaso” al intentar separar la relación de las emociones.
  • Y en el extremo opuesto podríamos situar a las relaciones “convencionales” en las que el sexo es una forma de expresión de unión e intimidad, además de una conexión emocional importante.

¿Marcar la diferencia entre hacer el amor y tener relaciones puede tener un objetivo?

La complejidad y variedad de relaciones que se dan actualmente entre dos personas puede llevarnos a plantearnos muchas preguntas. No solo podemos cuestionar si realmente existe diferencia entre hacer el amor y tener relaciones en cada una de ellas, podemos plantearnos a qué se debe lo que parece ser un esfuerzo por separar ambos conceptos.

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El concepto de relación de pareja se “reinventa” constantemente en diferentes formas de relación. A mi modo de verlo (y esto es una opinión personal), puede ser intento de encontrar todo lo bueno que puede proporcionarnos una relación de pareja saludable sin arriesgarnos a tener que lidiar con los aspectos más dolorosos o aquellos que implican más trabajo y esfuerzo en una relación.

Cada persona es libre de relacionarse con otras a su manera y como mejor se sienta. Todas las relaciones son respetables mientras tengan lugar desde el acuerdo y sin vulnerar la integridad de nadie. Lo que debemos plantearnos es qué nos aporta cada tipo de relación y cómo valoramos lo que obtenemos. Renunciar a la intimidad de una relación de pareja completa puede suponer renunciar a satisfacer algunas necesidades importantes del ser humano. Establecer la distancia emocional en todas las relaciones puede no hacernos sentir bien siempre. Puede que este comportamiento se de, incluso, de forma inconsciente, sin que nos demos cuenta, y que esté respondiendo a un problema de fondo diferente.

Tratar de mantener la diferencia entre hacer el amor y tener relaciones, puede responder a algún tipo de miedo al compromiso, inseguridad, a que sintamos que debemos protegernos de algún modo. También puede que no responda a nada y simplemente sea una decisión sin más. En cualquier caso, lo fundamental es detenerse a reflexionar sobre ello, para averiguar si somos nosotros mismos los que nos estamos “cortando las alas”.

Imágenes: Pixabay

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Licenciada en Psicología Clínica, formación en Inteligencia Emocional, Psicología General Sanitaria y Community Management. Apasionada de los complejos mecanismos de la mente y el comportamiento humanos. Creadora y administradora de la web Psicología en el Bolsillo.

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