Asertividad: “Yo también importo”

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Ser complaciente está bien, siempre y cuando lo seamos en un grado moderado. Ser muy complaciente, nos lleva muchas veces a olvidarnos de nuestras propias necesidades y deseos.

La asertividad es la capacidad de atender las necesidades de otros sin desatender las nuestras propias. En un extremo de la dimensión estarían las personas complacientes que priorizan las necesidades y preferencias de los demás por encima de las suyas. En el otro extremo, estarían las personas que anteponen sus preferencias a las de los demás, siempre.

La asertividad sería la habilidad de mantener el equilibrio entre esos dos extremos.

Las personas complacientes, que se despreocupan de lo que ellos mismos quieren, pueden acumular resentimiento debido a esta conducta de pasividad con respecto a “sus asuntos”. Estas personas deben aprender a ser asertivas, a darse permiso para centrarse en sus deseos y necesidades.

¿En qué consiste la asertividad?

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Podemos ilustrarlo con el ejemplo de una pareja que rompe su relación. Uno de los miembros quiere tomar espacio y el otro quiere continuar la relación. El miembro que quiere espacio le dice al otro que necesita tiempo para dedicárselo a sí mismo y recuperarse de la relación. También le dice que entiende su necesidad de seguir la relación pero que él no puede darle lo que quiere.

Esta persona está priorizando sus necesidades, está anteponiendo su felicidad sin menospreciar la del otro, simplemente respetándola pero haciéndole saber que no puede ser ella quien le de lo que busca en este momento.

Dicho de forma sencilla, respetar las necesidades de otra persona no significa tener que cumplirlas, aunque sí reconocerlas. En eso consiste la asertividad.

Otra forma de respetar la necesidad de los demás sin desatender la nuestra es hacer peticiones en lugar de demandas. Una demanda no tiene en cuenta las necesidades del otro, es una exigencia que resulta contraproducente ya que las personas tienden a colaborar con otras con más facilidad cuando sienten que pueden elegir, no cuando se les exige.

Esta forma de asertividad también hace que seamos más flexibles en cuanto a la forma en que los demás satisfacen nuestras necesidades. Cuando hacemos una demanda, implícita o explícitamente, imponemos la forma en que debe ser satisfecha con lo que las probabilidades de que la otra persona se niegue, aumentan. Sin embargo, con una petición, podemos llegar a un acuerdo con la otra persona sobre cómo satisfacer esa necesidad.

Cuando hacemos una petición y no conseguimos lo que buscamos, debemos evitar sacar conclusiones por nuestra cuenta. Lo que podemos hacer, en cambio, es preguntar a la otra persona por qué nos ha dicho que no, y aclarar las cosas.

La asertividad, respetar las necesidades del otro, no significa olvidar las nuestras y dedicarnos a satisfacer las de los demás. La asertividad significa reconocer las necesidades, nuestras y de los demás, y encontrar el equilibrio entre satisfacer las suyas y las nuestras sin imponer ninguna de ellas.

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Imágenes: Pixabay

 

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Licenciada en Psicología Clínica, formación en Inteligencia Emocional, Psicología General Sanitaria y Community Management. Apasionada de los complejos mecanismos de la mente y el comportamiento humanos. Creadora y administradora de la web Psicología en el Bolsillo.

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