Autoestima baja: Causas y consecuencias de apreciarse poco

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La autoestima, el aprecio que sentimos hacia nosotros mismos, comienza a desarrollarse en etapas tempranas de la vida en función de las experiencias que vamos atravesando.

Todo aquello que vamos experimentando desde entonces, va moldeando nuestra autopercepción y el concepto que nos formamos acerca de nosotros mismos (autoconcepto) y en función de ello desarrollaremos una autoestima baja o alta.

¿Qué experiencias están relacionadas con la autoestima baja?

Algunos ejemplos de factores que contribuyen a que desarrollemos una autoestima pobre son los siguientes:

  • Abuso, negligencia o castigo recurrentes
  • No alcanzar los estándares de los padres
  • No alcanzar los estándares del grupo de iguales (personas de la misma edad)
  • Ser objeto de descarga de estrés o ansiedad de otra persona
  • Pertenecer a un grupo social hacia el que existen prejuicios
  • Ausencia de cariño, afecto o interés
  • Ser “el patito feo” en algún contexto significativo como el hogar o la escuela
  • Experiencias negativas de la vida adulta como el abuso, el acoso, el trauma o la violencia

A medida que vamos creciendo, las críticas, las valoraciones negativas, las comparaciones o los juicios que hemos recibido, van dejando su “poso” en nosotros y son esas evaluaciones negativas las que van dando forma a nuestro autoconcepto. En este caso, todas esas evaluaciones negativas darán lugar a un autoconcepto negativo y autoestima baja.

¿Cómo se afianza y mantiene la autoestima baja?

Posteriormente, iremos afrontando diferentes situaciones en la vida que podrían cuestionar el concepto negativo que tenemos acerca de nosotros mismos pero este autoconcepto es bastante rígido por lo que, en lugar de modificarlo a él, adaptaremos aquello que experimentamos al autoconcepto.

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Esto se produce porque sesgamos nuestra percepción e interpretación del mundo para que las experiencias que vivimos sean coherentes con nuestro autoconcepto, confirmando las creencias negativas que tenemos sobre nosotros mismos. Un ejemplo puede ser que recibamos un halago sobre nuestro aspecto físico y pensemos que nos lo dicen solo porque tratan de ser agradables, no porque en realidad lo merezcamos.

Estos sesgos contribuyen a que las creencias negativas sobre nosotros se mantengan en el tiempo, determinando en buena parte nuestra forma de percibir el mundo, anticipando acontecimientos negativos y permaneciendo alerta para detectar cualquier evento que corrobore que estábamos en lo cierto cuando lo anticipamos. Así se cierra el círculo y vamos confirmando nuestras creencias.

Consecuencias de la autoestima baja

Un autoconcepto negativo se traduce en una autoestima baja ya que las creencias negativas sobre nosotros mismos nos llevan a pensar que no somos personas suficientemente válidas, con lo que el amor propio suele ser bastante pobre.

Estas creencias de incapacidad nos hacen sentirnos inseguros cuando afrontamos o anticipamos situaciones o acontecimientos de nuestra vida porque pensamos que no podremos llevarlas a cabo con éxito, y esta inseguridad nos puede llevar a actuar de las siguientes maneras:

  • Evitación de situaciones que percibamos como potencialmente “peligrosas” para nuestra estabilidad emocional, como puede ser dar una charla a un grupo de personas, situación en la que estamos expuestos a las evaluaciones de los demás y que compromete todavía más nuestra autoestima por el temor a que aparezcan críticas negativas. A corto plazo, evitar estas situaciones supone un alivio pero la contrapartida es que, al no exponernos a la situación, no tenemos la oportunidad de ver que nuestras creencias negativas sobre nosotros mismos son erróneas, por lo que contribuimos a mantener el autoconcepto negativo.
  • Afrontar situaciones extremando las precauciones, siguiendo con el ejemplo anterior, practicar la charla que vamos a dar una y otra vez hasta aprenderla de memoria y asegurarnos de que no cometeremos ningún fallo. Como en el caso anterior, no tenemos la oportunidad de ver que nuestras creencias son erróneas y si tenemos éxito dando la charla pensaremos que es debido a nuestras precauciones, por lo que seguimos reforzando nuestras creencias.
  • Nuestro rendimiento puede verse afectado cuando realizamos una tarea debido a que la enfrentamos con mayor inseguridad al pensar que no seremos capaces, lo cual nos produce alta ansiedad, que se traduce en un peor desempeño. Volvemos a confirmar nuestras creencias.
  • Por último, una autoestima baja puede llevarnos a restar mérito a los logros que alcancemos, atribuyendo el éxito a factores como el azar, la ayuda externa o cualquiera que no tenga relación con nuestra capacidad.

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Autoestima baja en el día a día

En la vida cotidiana, una autoestima baja puede manifestarse de muchas formas. Las personas con autoestima baja suelen ser autocríticas, sentir culpa con relativa facilidad y ser muy inseguras, focalizándose en sus puntos débiles en lugar de hacerlo en sus virtudes. Además de los comportamientos descritos en el punto anterior, pueden ser también poco asertivos y sentirse furiosos, culpables, avergonzados frustrados o tristes, lo que puede tener un impacto importante en su salud física también.

  • En el ámbito laboral puede traducirse en un desempeño bajo o en un alto nivel de perfeccionismo motivado por un fuerte miedo al fracaso.

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  • A nivel personal, las personas con autoestima baja pueden ser hipersensibles a las críticas, excesivamente complacientes o tremendamente controladores.
  • En cuanto a las actividades de ocio, suelen evitar todas aquellas que sean competitivas o en las que tengan que exponerse a evaluaciones de otras personas.
  • Por último, la autoestima baja puede traer consigo problemas de ansiedad, depresión, pensamientos suicidas, trastornos alimenticios o ansiedad social, entre otros.

La autoestima debe empezar a cultivarse desde la infancia, siendo tarea de padres y educadores encargarse de que el niño la desarrolle. De esta forma, evitamos que tenga lugar el círculo vicioso de creencias negativas-confirmación de creencias, que en un futuro se traducirá en una salud emocional (y/o física) negativa.

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En cualquier caso, si la autoestima baja está ya establecida no hay por qué tirar la toalla. Trabajando de forma constante con ayuda de un profesional de la salud mental podemos reelaborar esas creencias negativas y encontrar las herramientas para enfrentarnos a las situaciones que nos pueden hacer ver que esas creencias nunca han sido ciertas.

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Imágenes: Pixabay

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Licenciada en Psicología Clínica, formación en Inteligencia Emocional, Psicología General Sanitaria y Community Management. Apasionada de los complejos mecanismos de la mente y el comportamiento humanos. Creadora y administradora de la web Psicología en el Bolsillo.

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