Cómo combatir la autocrítica (y dejar de ser tu peor enemigo)

combatir la autocrítica

Muchas veces actuamos condicionados por lo que creemos que los demás pensarán o dirán de nosotros y, al final, la mayoría de las veces somos nosotros quienes nos juzgamos con más dureza.

La autocrítica es esa vocecita que nos juzga y valora dentro de nuestra cabeza. La mayoría de nosotros la escuchamos pero para algunas personas la autocrítica puede ser muy perjudicial.

La voz que escuchan siempre está ahí para criticar su comportamiento, hacer que se sientan culpables de los eventos negativos que atraviesan y, en definitiva, para arruinar su autoestima y alejarles de sus sueños.

La voz de nuestro “crítico interno” no se puede hacer desaparecer, pero podemos tratar de “domarla” para que sus efectos no sean tan negativos en nuestras vidas. Si no ponemos le ponemos a raya, si no tenemos herramientas para combatir la autocrítica, continuará saboteando nuestro amor propio y nuestra confianza en nosotros mismos.

Domar al “crítico interior”

1.”Autocrítica, ¿eres tú?”

Lo primero que debemos hacer es averiguar si la autocrítica es la responsable de nuestro malestar y ser conscientes de cuándo lo es. Para ello, cada vez que nos sintamos mal y no tengamos muy claro el origen del sentimiento, debemos hacer un ejercicio de reflexión y escuchar a “nuestra mente”.

Si, efectivamente, detectas que tu crítico interior está a pleno rendimiento lanzando críticas sobre ti, es el momento de prestarle atención. No nos referimos a analizar lo que está diciendo ni valorar si tiene razón o no. Simplemente ser conscientes de que la fuente de malestar en ese momento es nuestro crítico interno.

Una vez localizas la causa, existen menos posibilidades de dar por sentado todo aquello que está “diciendo dentro de tu cabeza”. De alguna manera, te haces con el control de la situación.

2.Atiende al mensaje

Ahora sí. Una vez sabemos cuál es la fuente de malestar, debemos prestar atención al mensaje que nos transmite nuestro crítico interno. ¿Por qué?. Porque los mensajes que nos envía, muchas veces han sido palabras que hemos interiorizado en el pasado, siendo niños o jóvenes, de personas que han sido duras con nosotros.

Nuestros padres, maestros, compañeros de colegio, pueden habernos dicho en el pasado alguna frase que hayamos interiorizado sin darnos cuenta y ahora, nuestro crítico interno nos la repite, haciéndonos daño. Si somos capaces de localizar el origen de el mensaje dañino, podremos separarnos de él.

Cuando conocemos el origen del mensaje, podremos decirnos a nosotros mismos que no somos lo que nos dice nuestro crítico, sino que esas palabras corresponden a otra persona. En caso de no ser capaces de reconocer el origen, la tarea es la misma, tener claro que no somos la crítica, sino que esa crítica la hemos interiorizado a raíz de las palabras de otras personas.

3.Aceptar las críticas

¿Por qué aceptar algo que nos está haciendo daño?. Debemos diferenciar entre aceptar y estar de acuerdo. En este caso aceptamos la crítica en el sentido de no luchar contra ella, de no resistirla y no negarla porque, en palabras de Jung: “Aquello que niegas te somete y aquello que aceptas te transforma”.

4.”¿Podrías ser un poco más amable?”

combatir la autocrítica

En este punto nos referimos a la compasión por nosotros mismos. De la misma forma que sentimos compasión por otra persona cuando pensamos que se le está dando un trato poco justo, en nuestro caso es igual. Cuando nuestro crítico aparezca con “ganas de guerra”, es necesario que aparezca este sentimiento de compasión hacia nosotros mismos.

Se trata de ser consciente de la situación. Nuestro crítico nos está atacando, nos está haciendo daño, reconocemos ese daño y le pedimos que nos trate de una forma más amable, puesto que somos conscientes de que la crítica es desproporcionada.

5.”Ya he tenido suficiente”

Cuando os tres puntos anteriores no han sido suficientes para domar a nuestro crítico interior, llega el momento de plantarle cara. ¿Y cómo vamos a hacerlo?. Primero atendemos al mensaje, como hicimos antes, y después vamos a desmontar todo aquello que dice de nosotros con pruebas. Vamos a dedicarnos a buscar pruebas que le demuestren que lo que está “diciendo de nosotros” no es cierto.

6.El perdón

Algunas veces encontraremos algo de razón en las críticas internas. Ninguno de nosotros somos perfectos, pero la autocrítica exagera y distorsiona nuestros pequeños “fallos” haciéndolos parecer enormes y encontrando en ellos un arma arrojadiza.

Es entonces cuando debemos hacernos conscientes de esa parte de verdad (solo de la parte verdadera de la crítica), aceptar que, como todo el mundo, tenemos “defectos” y perdonarnos por ello. Perdonarnos a nosotros mismos en el sentido de no culparnos por no ser perfectos.

Los errores se aceptan, se aprende de ellos, se tratan de solucionar en la medida de lo posible, y se sigue adelante con más experiencia y más conocimientos.

7.Reeduca a tu crítico interno

Enseñándole a no ser tan cruel. Vamos a tener que vivir con la crítica interna toda la vida así que lo mejor es que empecemos a llevarnos bien. ¿Cómo lo hacemos?. Enseñándole modales.

Cuando nuestro crítico comience a atacarnos, trataremos de reformular aquello de nos dice, utilizando palabras más cálidas y compasivas, de la misma forma en que nosotros criticaríamos a una persona a la que queremos. Esto es, tratando de ser constructivos y evitando herir los sentimientos.

Una posibilidad puede ser reformular de forma positiva. Si nuestro crítico nos dice “has vuelto a hacer eso mal”, podemos sustituir esa expresión por “voy a intentar encontrar la manera de hacer eso bien”.

La autocrítica nos va a acompañar siempre, pero podemos optar por hacer de ella una herramienta constructiva, una compañera que nos ofrezca mejores consejos y nos ayude a crecer.

Imágenes: Pixabay

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Licenciada en Psicología Clínica, formación en Inteligencia Emocional, Psicología General Sanitaria y Community Management. Apasionada de los complejos mecanismos de la mente y el comportamiento humanos. Creadora y administradora de la web Psicología en el Bolsillo.

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