10 hábitos de estudio que funcionan

hábitos de estudio
No existen técnicas “mágicas” para estudiar, no hay “recetas” infalibles para asegurar un aprobado, pero existen hábitos de estudio que nos pueden ayudar a optimizar las horas y sacarles más partido.

Y es que la clave no es estudiar más horas sino hacer de tus horas un tiempo de estudio efectivo. Por ello, hoy traemos unos cuantos hábitos de estudio que funcionan.

Hábitos de estudio efectivos

1. La actitud

La mayoría de nosotros nos enfrentamos al estudio como algo que tenemos que hacer, es decir, casi más como una obligación o herramienta para obtener el aprobado, que como una oportunidad de disfrutar y aprender.

Sabemos que suena algo utópico y que resulta difícil ponerse a estudiar con ganas y actitud positiva, ya que la motivación muchas veces, brilla por su ausencia. Sin embargo, la investigación ha remarcado la actitud como un factor importante a la hora de alcanzar unos hábitos de estudio óptimos.

Evitar pensamientos del tipo “qué rollo”, “qué pereza”, “no me da tiempo” y sustituirlos por otros como “venga, no es tan difícil”, “ya lo he hecho antes y salió bien”, “voy a aprobar”, y evitar las comparaciones con otras personas que solo nos traen inseguridad y nos hacen sentirnos mal con nosotros mismos.
Recuerda que para evaluar tu rendimiento, solo puedes compararte contigo mismo.

2. El lugar

Para conseguir unos hábitos de estudio adecuados, debemos evitar estudiar en lugares que estén llenos de potenciales distracciones.
Estudiar en nuestra habitación si tenemos cerca una televisión, ordenador, videoconsola, o incluso, las personas con las que convivimos, puede suponer una fuente constante de estímulos que, en otra situación podrías ignorar, pero que a la hora de estudiar, van a resultar atractivos y acabarás prestándoles más atención que al propio libro.
Encontrar un lugar en el que el entorno no suponga distracción, es fundamental para mantener la concentración en el estudio. Busca un lugar tranquilo en el que puedas poner todos tus sentidos en la materia que tienes que estudiar, ya sea la biblioteca, una cafetería poco concurrida o cualquiera que te venga bien a ti.

3. Lleva sólo aquello que necesitas

Ni más ni menos. Porque en línea con el punto anterior, las cosas que lleves también pueden suponer distracciones, así que, calculadora, apuntes, cuaderno, libro, etc. lleva lo estrictamente necesario y nada más.
Por otro lado, no te dejes en casa nada que puedas necesitar porque eso sí va a suponer una pérdida de tiempo y un factor de estrés importante.

4. Organiza la información

Bien en forma de esquema, diagrama o como sea que te desenvuelvas mejor. Organizar la información en base a criterios propios, ayuda a retenerla y recordarla. Es importante elaborar estos esquemas con nuestras propias palabras y estructura.

Si estudias con apuntes de otra persona o con libros de texto, resulta de utilidad que reestructures la información de una forma en la que lo entiendas completamente y relaciones los conceptos en base a las estructuras con las que te manejas mejor.

Por otra parte, como indicábamos en otro artículo, involucrar a más de un sentido en la tarea, hace que se recuerde mejor la información. Es por eso que te puede ayudar leerla en voz alta, escucharla en un audio, copiarla o cantarla. La clave es que participe más de un sentido.
Puedes leer también: 7 tips para mejorar la memoria

5. Nemotécnica

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Seguramente ya hayas oído hablar de estas técnicas. Estos trucos consisten en elaborar una palabra o frase que sea más fácil de recordar que la materia completa en sí.
Un ejemplo sería el siguiente: Si queremos recordar los mecanismos de defensa narcisistas (proyección, negación, distorsión), debemos elaborar una palabra o frase que reúna las iniciales de los conceptos como por ejemplo PND o Pedro Nunca Discute.
Hay que señalar que estos trucos no le funcionan a todo el mundo o en todas las materias por lo que utiliza sólo lo que a ti te sirva.

6. Ponte a prueba

Tú sólo o con amigos. Unos hábitos de estudio adecuados incluyen ejercicios de autoevaluación. Ya sea en forma de preguntas orales o de preguntas aleatoras sobre la materia que has estudiado, incluso con exámenes de años anteriores.
No sólo te ayudan a recordar la materia del examen sino que también te haces una idea del tipo de preguntas que puedes esperar, si se repiten las peguntas año tras año o qué partes de la materia aparecen con más frecuencia en las preguntas.
Ojo. Hay que tener precaución y tomarnos estas pruebas como orientaciones y evaluación de la preparación que tenemos para hacer el examen. Recuerda que cualquier pregunta es posible y no debes ceñirte a las de años anteriores o te puedes dar un buen susto. Utiliza estas pruebas para buscar tus puntos flacos e insistir en ellos.

7. Elabora un horario que vayas a cumplir

Organizar el tiempo es uno de los mejores hábitos de estudio que puedes desarrollar. Todos nos hemos dado una paliza alguna vez estudiando dos o tres días antes del examen y, personalmente, además de agotador, estresante y caótico, nunca me ha dado mejores resultados que estudiar un rato cada día (yo he compaginado estudios a distancia y trabajo con horarios rotativos).

Si el curso comienza en septiembre-octubre, lo primero que debes hacer es un calendario de estudio. Indica en él las fechas de los exámenes y las tareas que vas a realizar cada semana.
Por ejemplo, las primeras semanas, una lectura comprensiva de los temas, después resúmenes y esquemas, etc. La idea es que con un simple vistazo seas capaz de ver cuánto tiempo te queda para hacer cada tarea.
En segundo lugar, puedes hacer un horario diario. Empezar dedicando el mismo tiempo diario a cada asignatura para después ir modificando los tiempos y dedicarle más a aquellas que te resulten más difíciles.
Si eres capaz de seguir el horario que elabores, te vas a ahorrar mucha ansiedad y, seguramente, no suspendas ninguna asignatura.
Puedes leer también: 5 claves para mejorar la administración del tiempo (y que te “cunda”)

8. Descansos y premios

Hacer descansos en las largas horas de estudio es fundamental. Y es que tan importante es estudiar cuando se está estudiando, como descansar cuando se está descansando. Por eso, cada determinado tiempo de estudio, haz una pausa para descansar.

La idea es que no hagas sesiones intensivas de estudio, ya que al final te saturas y eres incapaz de procesar más información. Estudia un rato, por ejemplo una hora. Después para y tómate un café o un refresco durante 5-10 minutos. Luego estudia otra hora y después sal a correr un rato. Dúchate, estudia otra hora y lo dejas por hoy.

Ése es sólo un ejemplo. Cada uno debe organizarse el estudio en función de sus circunstancias. Lo importante es parar a oxigenar la mente y no darnos “atracones”. Además de evitar saturarnos, aprendemos a desarrollar la disciplina y la fuerza de voluntad, ambos factores importantes a la hora de estudiar.

9. Equilibrio

Y es que ser buen estudiante, no significa estudiar y nada más. Mantener el equilibrio con el resto de ámbitos de la vida, es necesario si no queremos acabar frustrados, quemados y de mal humor.
Es cierto que estudiar consume muchas de las horas de nuestro día a día, pero hay que parar de vez en cuando para no desatender el resto de cosas que nos importan. La familia, amigos o aficiones, son aspectos que no debemos descuidar. Sólo debemos aprender a integrarlos.
No hace falta (o sí) que recordemos la importancia de mantener una alimentación sana, hacer algo de ejercicio y descansar bien, cuando estamos en periodos de estudio.

10. Aprender

Aunque muchos de nosotros hemos pasado años pensando que sí, y sólo con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta, estudiar no es sólo aprobar exámenes.

Aunque muchas asignaturas nos resulten inútiles o aburridas, tenemos que intentar aprender de todas ellas e integrar los contenidos que nos enseñan, tanto entre sí como en nosotros mismos.

Al fin y al cabo, es parte de nuestra formación como personas (y como profesionales) y, cuando acabas te das cuenta de que has aprendido (y crecido) más de lo que imaginabas.

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Licenciada en Psicología Clínica, formación en Inteligencia Emocional, Psicología General Sanitaria y Community Management. Apasionada de los complejos mecanismos de la mente y el comportamiento humanos. Creadora y administradora de la web Psicología en el Bolsillo.

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